Sentada en la mesa escucho su voz, como un susurro, apenas perceptible invitándome a ir con ella.
Me doy vuelta y la veo allí, quieta como extendiéndome sus manos, esperando ese tan ansiado encuentro.
Su calidez y suavidad me seducen, a tal punto que no puedo rehusarme a su propuesta, a veces indecente otras tan solo para compartir una charla, una buen libro, una taza de café.
Con solo mirarme sabe que rol cumplir; sabe escuchar cuando preciso hablar, mimarme cuando estoy triste y brindarme mucho amor y placer en el momento que lo necesito.
Es mi confidente, mi compañera; testigo de mis más íntimos secretos, los cuales atesora como suyos propios; una amiga fiel, de buena madera.
Satisface todos mis deseos, desinteresadamente; es más podría decir que disfruta haciéndolo, como si esa fuese su obligación.
Ella forma parte de mi mundo, mi universo, mi guarida.Cada día que compartimos
miércoles, 22 de abril de 2009
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